Misericordia como virtud divina

A veces resulta difícil expresar una disculpa cuando cometemos errores o le faltamos a alguien. Sin embargo, Dios nos enseña en Su Palabra no sobre el perdón en sí, sino en cómo perdonar. 

 

 

Un domingo recibí una pequeña pista sobre el cómo expresar nuestras disculpas, y la primera fue la misericordia. En la Real Academia Española, lo primero que señala de la misericordia es que es una virtud, alguien misericordioso es alguien a quien le tiene compasión por las personas miserables. ¿Miserables de qué? Tal vez no se trate solamente de lo material sino más bien de lo espiritual. En otro apunte dice que la misericordia es una virtud que nos impulsa a perdonar. ¿Y quién es mejor que Dios para perdonar nuestras faltas? Nosotros no podemos perdonarnos a nosotros mismos o a nuestros amigos si no hemos sido perdonados primeramente por Dios; no podemos justificarnos a nosotros mismos por lo que somos, sino que Dios es Juez y es el que hace salir el sol sobre los buenos y malos como dice en Su palabra.
Dice en Tito 3:5 que <<sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó lavándonos y regenerándonos, y dándonos nueva vida por el Espíritu Santo >>; el Señor es quien primeramente ha sido misericordioso para con toda la humanidad, y al pensar en esto me recuerda a aquella oportunidad que le dio a Adán y a Eva para seguir viviendo, a pesar de haber pecado grandemente al Creador y Dios Todopoderoso. También me recuerda a aquel gran sacrificio en la cruz, dice el Salmo 136:1 <<den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su misericordia es eterna >>. Y no es sólo eso, sino que tomemos su ejemplo también, porque, como dijo un pastor ese mismo domingo, muchas veces creemos que Dios debe pensar como nosotros cuando somos nosotros los que debemos pensar como él. ¿Cuánto debemos perdonar? Como dijo Jesús, no hasta siete sino setenta veces siete. ¿Cómo debemos ser de misericordiosos? Eternamente misericordiosos. En Proverbios 3:3 dice el Señor:<<Nunca se aparten de tila misericordia y la verdad: átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón >>.
Cuán difícil se nos hace el ser misericordiosos; cuán difícil es perdonar. O cuán difícil es tener compasión, día a día hay que experimentar la misericordia a través de una buena relación con Dios, el congregarse o cantar canciones cristianas no bastan para ser justificados porque son sólo un empuje hacia la verdadera devoción. El hacer buenas obras no alcanza tampoco, porque todo se cierra con la gracia de Dios y con su llamamiento diario a conversar con él.
Si te hace falta sentir la misericordia y practicarla para con los que te rodean, no pierdas tiempo y acércate a conversar con Jesús, a quien recibiste un día y por su misericordia fuiste salvo.
Sara Fontao